Iñaki
Domínguez
Macarras ibéricos.
Una historia de España a través
de sus leyendas callejeras.
Ediciones
Akal, 2022*
Los acabarían llamando quinquis o macarras, palabras que trastocaron su significado primigenio para acabar
refiriéndose a esos jóvenes de origen marginal que protagonizaron una época,
con su carisma singular y una osadía sin sentido, una rebeldía sin causa aunque
con algún que otro motivo. Su destino hubiera sido el olvido, desaparecer de la
memoria colectiva. El país no estaba para mucha broma, entre una reforma
política de gran calado no exenta de tensión y una crisis económica que ahogó
en preocupaciones a buena parte de la población. Pero traspasaron los límites
estrechos de sus guetos y sus barrios gracias en buena medida al cine, la
música y la literatura. Sin duda, los pícaros fueron sus predecesores y el pijoaparte de Juan Marsé un precedente
más cercano en el tiempo.
El antropólogo Iñaki
Domínguez se ha dedicado a investigar todas esas subculturas que comparten un
mismo espacio urbano y que se reproducen en distintas ciudades de un modo
análogo. En 2020 ya publicó Macarras
interseculares. Una historia de Madrid a través de sus mitos callejeros y
un año después Macarrismo. Este libro
que comentamos, por tanto, es un paso más en el análisis de este fenómeno social
que se dio con la primera crisis del modelo desarrollista.
Cada uno de sus capítulos
es un retrato completo y específico en el que la voz principal recae en los
protagonistas, o algunos de ellos, los que sobrevivieron y han ofrecido un
testimonio sustancial de su experiencia, aunque están también presentes quienes
quedaron en el camino y son parte fundamental de esta intrahistoria. El libro
nos permitirá conocer el ámbito en que crecen esos jóvenes: Entrevías,
Vicálvaro, las Tres Mil Viviendas, Otxargoaga o la ruta más etérea del Bakalao.
Se nos presentan las dificultades materiales en que vivieron, el salto del campo
a la ciudad y el chabolismo que precedió a los barrios en los que se forjó su
identidad, la pronta deserción de la escuela sin que eso supusiera la inserción
laboral en un país que se desindustrializaba rápidamente. Hubo en algunos casos
un acercamiento a otras formas de rebeldía, una tímida aproximación a la
política en algún momento dado. La aparición de las drogas duras y de diseño
supuso un encontronazo social que zarandeó con resultados tremendos a buena
parte de quienes vivieron ese tiempo y en esas condiciones, una coincidencia
que apunta que tal vez no fuera casual.
Otra
característica de Macarras ibéricos
es la conexión que el autor establece entre el fenómeno social descrito y sus
expresiones en la cultura del momento, sobre todo en el cine y la música. Así,
existe un cine calificado como quinqui,
el de José Antonio de la Loma o las películas macarras de Eloy de la Iglesia, los dos directores que más se
asocian al subgénero, continuadores de Ignacio Iquino, pero también con
incursiones en el mismo de otros directores como Carlos Saura, Fernando León de
Aranoa o más tarde Santiago Zannou, entre otros. En muchos casos, los papeles
fundamentales los interpretan, no sin dificultades y un repertorio curioso de
anécdotas, los propios protagonistas en la vida real. Es un cine que dispone a
su vez de una banda sonora de la que se nos habla en el libro, con grupos como
Los Chunguitos o los Chichos, entre otros, estilos de rumba pero que tuvo
también otros géneros, como el flamenco, la música makinera, el rap, el rock alternativo o el rock radical vasco.
*Publicado en el número XVIII de Nevando en la Guinea



