Víctor
Alba
El pájaro africano
Editorial
Planeta, 1975
Durante muchos años la
existencia del POUM quedó oculto en la historiografía española. Se trataba de
un grupo pequeño de militantes marxistas heterodoxos, muy activo, muy plural, que
entre su fundación, en septiembre de 1935, y el inicio de la guerra civil
creció bastante, sobre todo en Cataluña, pero también, aunque en menor medida,
en Madrid, Extremadura y Galicia. Sin duda, entre las corrientes marxistas que
disintieron de la política autoritaria de Stalin –trotskistas, luxemburguistas,
bordiguistas…–, el POUM fue la organización más fuerte en militancia, al menos
en un país determinado. El que uno de sus dirigentes, Andreu Nin, estuviese
durante los años de la revolución rusa estrechamente vinculado a Trotsky y el
que fuera, en los años treinta, la principal organización comunista no de obediencia ciega a Moscú que
denunciara los juicios de Moscú la convirtió en uno de los objetivos a combatir,
el propio Stalin lo colocó en el punto de mira. De ahí el especial ensañamiento
contra esta organización a partir de los hechos de mayo del 37, con la desaparición
de Andreu Nin, un juicio muy parcializado contra parte de su dirección y una
campaña ignominiosa contra sus militantes.
El franquismo borró por
completo la memoria de la organización, por marxista, y en el PCE-PSUC y sus
aledaños intelectuales y académicos se impuso el más absoluto de los silencios,
quién sabe si debido a que se siguieron creyendo las muchas calumnias lanzadas
contra el POUM o por mala conciencia. Es cierto que el PSUC acabó por reconocer
su política equívoca y represiva, en buena medida gracias a Manuel Vázquez
Montalbán, militante de este partido, y que escribió una novela, El Pianista, cuyo protagonista era un antiguo
militante del POUM. Por su parte, Leopoldo Padura escribió El hombre que amaba a los perros, con Ramón Mercader, el asesino de
Trotsky, como protagonista y que cuenta parcialmente el tema del POUM, como lo
recoge también Ignacio Martínez de Pisón en su ensayo Enterrar a los muertos.
Pero en España la primera
novela que trata abiertamente el tema es El
pájaro africano, de Víctor Alba, pseudónimo de Pere Paigès, quien fue
militante del POUM, detenido tras los hechos de mayo, preso en los primeros
años del franquismo y luego exiliado durante varios lustros en México y Estados
Unidos. Su novela fue finalista en el Premio Planeta, en 1975. Con dos partes
bien definidas, en la primera de ellas se habla de Ramón Milà, un joven próximo
al POUM, más por amistad con un militante que por convicción, que en 1938, ya
clandestino este partido, edita unas notas de protesta ante el juicio a sus
dirigentes junto a Martín, un activista, y Lena, una simpatizante sobre quien recaen
sospechas de trabajar para los estalinistas. En la segunda parte, ya en 1942,
Lena le escribe a Ramón su propia historia, que es la historia en gran medida
de la historia del comunismo europeo durante los años treinta, con sus entregas
militantes pero también sus miserias.
Es un relato también intenso,
bello, que nos habla del compromiso, de la actitud ante la realidad, las
convicciones y las diversas formas de encarar la vida en medio de
circunstancias difíciles. El libro está por desgracia descatalogado, sin duda
una pena, en un momento y un país en el que mucho se habla de memoria colectiva
de ese siglo pasado tan vehemente, aunque sin muchos testimonios que nos
acerquen a cada uno de sus hechos.

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