domingo, 14 de agosto de 2022

«La bajamar», de Aroa Moreno Durán

 


Aroa Moreno Durán

La bajamar

Literatura Random House, 2022*

 

«No sé cuál es la distancia real que separa el pasado del presente», se pregunta Adriana, que junto a su madre, Ruth, y su hija, Adirane, protagonizan esta novela repleta de sombras, de silencios, de ausencias, de secretos y heridas, enmarcado todo ello por un pasado que empuja de forma inexorable sobre el presente, tanto el individual como el colectivo, imposible separarlos, y del que todos formamos parte, venimos de él y nos reconocemos en mayor o menor medida.

Atrapadas por el tiempo que pasa de un modo tan ineludible, por los hechos dejados atrás y que constituyen la argamasa de la historia, contra cuya memoria no parece que haya presto botiquín alguno, las tres mujeres se enfrentan a esos huecos que procuran rellenar mediante palabras susurradas o palabras pensadas, unas palabras a menudo tan fundamentales como el más importante de los órganos de un cuerpo, pero que en ocasiones no se llegan a pronunciar, permanecen en ese lugar recóndito de la memoria, en un silencio tan presente como la penumbra, y que también va perfilando la realidad, la vida misma, muchas veces con más proyección que la realidad, palabras de tres mujeres que son madres y por tanto se enfrentan a la necesidad de transmitirla mediante ellas, como ese hilo rojo que vincula a las generaciones sucesivas. Es lo que inicia Adirane, nieta, hija y madre, con esa búsqueda de la historia de su abuela que es una búsqueda de sí misma, también de su madre, en un momento de crisis personal.

Porque las palabras son, al fin, importantes siempre, en la vida y desde luego en una novela, cómo no podía ser de otra manera, hablamos de la materia prima de la literatura, aunque estemos en una época que no parece darles la importancia que merecen. Pero además las palabras son fundamentales en este relato, las que ha escrito Aroa Moreno Durán resultan contundentes, precisas, en ocasiones de un tremendismo literario conmovedor, y construyen frases que cercenan al lector sin avisar, lo noquean, imposible mantenerse indiferente. Hay que ser una narradora brillante para lograr tajar de esta manera su relato y describir también la realidad de los últimos ochenta años en el País Vasco, una realidad que no sólo se queda en los grandes hechos, sino que moldea la vida, la de las tres mujeres, la de quienes las rodean, la nuestra incluso, los lectores que asistimos a las tres vidas, que leemos cómo no pudieron escapar a la guerra, a sus consecuencias o a la cotidianidad del horror, a una violencia que invade cada hueco de nuestras vidas, dejándosenos muy claro la imposibilidad de que todo lo que ocurre a nuestro alrededor no nos afecte al fin, sintiéndonos además tan próximos a ellas, parte incluso de lo contado.

Asistimos de esta forma a una realidad que nos envuelve, somos partícipes incluso de ella, reconocemos gestos, retazos de la historia reciente, astillas de comportamientos adquiridos entre silencios y palabras a medio decir, todo ello envuelto entre esas frases rotundas que no nos permiten relajarnos, impactan, nos van revolviendo a medida que avanzamos en el relato. Estamos ante una novela vital, en todos los sentidos del adjetivo, con un estilo que impresiona, se enlaza con las emociones, las decisiones y las vivencias de estas tres mujeres, frases que perturban y que la convierten en un texto esencial, sin duda una obra fundamental que a todas luces no puede pasar desapercibida.

 *Publicado en el número XVI de Nevando en la Guinea, Marzo de 2022

 

 

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