lunes, 28 de diciembre de 2020

Kepa Murua. La Carretera de la costa

 


Kepa Murua

La Carretera de la costa

El Desvelo Ediciones, 2020

 

Da la impresión de que la literatura, y más en concreto la literatura vasca, comienza a narrar aquellos años del conflicto, los años de plomo. Al menos son ya varios los títulos que cuentan historias, más o menos ocultas, más o menos cotidianas, que contienen como trasfondo una confrontación que se dio durante la segunda mitad del siglo pasado con enorme vehemencia. No son pocos los autores que rompen un silencio generalizado en el País Vasco, en sus calles, y casi también en sus instituciones.

Por lo demás, nadie que recorra los pueblos y ciudades de Euskal Herria en estos últimos diez años sin tener una idea precisa de lo que ocurrió durante los más de diez lustros anteriores podría creerse que hubo un conflicto, con víctimas reales y consecuencias trágicas. «El silencio parece que lo cura todo», afirma en un momento dado el narrador de La Carretera de la costa, esta novela del escritor Kepa Murua que ahora reseñamos, y no es así, lo sabemos, el silencio no cura nada, aunque no siempre acertamos a verbalizar tanto dolor.

Una vez más, la literatura nos sirve para adentrarnos en una zona que no siempre estamos dispuestos a recorrer y que resulta a menudo más incisiva que otros acercamientos al conflicto. De este modo, el autor nos aproxima a un hecho que, además, no admite discusión: el asesinato de una persona al que el comando confunde con otra, error incluso reconocido por la organización, difícil de asumir para quien lo ejecuta, alrededor de lo cual el narrador va trazando un mapa alrededor de la víctima y de la mirada traumatizada y traumatizante de la hija pequeña del asesinado.

A partir de aquí se despliega ese mapa de lugares físicos y emocionales, de personajes que están en uno u otro lado, o en ninguno, en medio de la escena o en sus márgenes. A medida que avanzamos por los ejes del mapa – novela contemplamos un complicado poliedro por el que se mueven todos los personajes, narrador incluido, que sin duda necesita escribir esta novela tal vez para resituarse él mismo en el mapa de su escritura. Huye de una épica de buenos y malos que es muy simplificadora, sin que eso signifique que se tienda a un relativismo que desde luego esta novela no posee, hay un punto de vista incluso moral que no se oculta, sin que por ello, por ese posicionamiento, se deshumanice a nadie, aunque no se justifique de modo alguno lo que a todas luces es un crimen. Al final recorremos esa carretera que bordea el mar, eje del mapa y por tanto de la novela, y que nos permite contemplar un tiempo y un lugar que no fueron desde luego nada fáciles. Que no nos pueden dejar indiferentes.

Es de lectura muy necesaria para quien quiera adentrarse en la intrahistoria de aquellos años en el País Vasco.

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